El incremento de los recursos destinados a salud y educación durante la última década no se ha traducido en una mejora equivalente en la percepción ciudadana. Según datos citados por el Instituto Peruano de Economía (IPE), la satisfacción de la población con estos servicios se ubicó entre 24% y 30% en 2025, pese a que la inversión subnacional en ambos sectores aumentó cerca de 50% en términos reales durante los últimos diez años.

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Educación mantiene brechas de aprendizaje e infraestructura

En el sector educativo persisten dificultades tanto en los resultados de aprendizaje como en la ejecución de inversiones. Durante 2025, ninguna región logró que más del 60% de sus estudiantes de cuarto de primaria alcanzara un nivel satisfactorio en lectura y matemática. El acompañamiento de las Unidades de Gestión Educativa Local (UGEL) cobra especial importancia en las zonas rurales, donde los resultados son considerablemente menores.

La infraestructura también representa uno de los principales desafíos. Los gobiernos regionales y municipales concentran el 77% del presupuesto destinado a inversión educativa; sin embargo, ocho gobiernos regionales registran un avance inferior al 50% en esta función durante 2026, mientras que los gobiernos locales han ejecutado 44% de sus recursos.

El IPE calcula que, si se mantiene el ritmo actual de inversión, el país necesitaría al menos 19 años para cerrar la brecha de infraestructura educativa, estimada en S/172 mil millones. En regiones como San Martín y Huancavelica, el plazo podría superar los 40 años.

Salud enfrenta problemas de infraestructura y abastecimiento

Las dificultades también alcanzan al sistema público de salud. Durante 2024, 12 regiones registraron más del 90% de sus hospitales y establecimientos del primer nivel con capacidad instalada inadecuada. A ello se suma la limitada disponibilidad de personal médico en las macrorregiones del norte y oriente.

En el oriente del país, además, se reportó un 27% de desabastecimiento de medicamentos, situación que afecta la capacidad de atención de millones de personas. Estas deficiencias forman parte de un escenario que también repercute en indicadores como la anemia infantil.

En 2025, la prevalencia de anemia se mantuvo alrededor del 35% y solo 77% de las municipalidades alcanzó la meta establecida en el programa de incentivos para reducir esta enfermedad. El IPE señala que fortalecer las intervenciones locales resulta necesario para mejorar las prácticas de alimentación y garantizar el acceso oportuno a los suplementos de hierro.

Mayor presupuesto no garantiza mejores servicios

El panorama evidencia una brecha entre los recursos asignados y los resultados percibidos por la ciudadanía. Para 2025, la satisfacción con los servicios públicos de salud se ubicó en 30%, mientras que la correspondiente a las escuelas públicas llegó a 24%, según los datos de Ipsos citados por el IPE.

De acuerdo con el análisis, el desafío para las autoridades subnacionales no pasa únicamente por disponer de mayores presupuestos, sino por fortalecer las capacidades técnicas necesarias para formular, ejecutar y supervisar proyectos. De esta manera, el cierre de las brechas de salud y educación dependerá también de una gestión pública capaz de convertir los recursos disponibles en servicios e infraestructura que respondan a las necesidades de la población.

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